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Queridos aficionados, hoy os quiero redactar lo que siente
un apasionado de la colombicultura con su primera buchona.
Por desgracia o por suerte soy de Valencia, cuna del palomo deportivo, estos
son los reyes del cielo en esta provincia. Como gran aficionado que soy también
a este deporte tengo que reconocer que me entusiasma volar de vez en cuanto
buchonas por que aunque sean palomos igual que los deportivos son totalmente
diferentes.
Que aficionado a esta rama de la colombicultura no se estremece al ver un
palomo solitario surcando los cielos, con su gran buche hinchado, buscando
una posible presa a la que conquistar. Es algo muy emocionante que a veces
te da algún que otro subidon de adrenalina.
De todas las buchonas que he tenido yo personalmente me quedo con el Laudino Sevillano, tal vez por que fue el primero que tuve y el primero que me hizo descubrir lo bonito de ver faenar a estos animales, pero lo que yo he vivido con esta raza no se puede expresar con palabras.
Aya por el año 95 un gran amigo mío me regalo un bonito Laudino Sevillano negro, la forma y postura que este tenia, me dejaron maravillado, su cabeza, su nariz, su gran buche perfecto, lo primero que pense es como seria ver a un animal de estos volar y no dude en enseñarlo cuanto antes.
Aun parece que lo estoy viendo, como salía de su cajón, se quedaba mirando al cielo y salía con fuerza rompiendo el aire, como si estuviera dando a entender que el rey había salido. Este daba una vuelta de reconocimiento a toda la población, atento para ver si encontraba algo. Con mucha elegancia, tenia un vuelo lento, como posando en vez de volando. Cuando este se cansaba se iba directo al punto mas alto de la población, o sea el campanario. Allí se pasaba oras, entrando y saliendo. Pero lo emocionante llegaba cuando algún perdido, o paloma con celo se cruzaba en su mirada, salía a volar y poco a poco iba atrayéndola a su palomar, si esta se posaba en un tejado, empezaba un ritual de salidas, palmadas, y arrullos dignos del mejor de los espectáculos, y lo que mas me gustaba de esta clase de palomos es que nunca tocaba a la paloma. Cuando esta caía rendida a sus encantos se iba sin pensarlo directa a su cajón donde culminaba el acto.
Todas las palomas que he cogido en celo y he devuelto a sus dueños, por mucho que estos han intentado que volvieran a su palomar siempre que han salido a volar han venido a buscar a mi gran galán.
El único problema es que me tengo que conformar en soltarlos en verano, cuando la temporada de los deportivos finaliza. Pero bueno, como también soy un gran aficionado a ese deporte controlo mi impaciencia de ver volar al galán.
Luis Prieto




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